Instituto de Filosofía

 

InvestigacionEl espectro de una fascinación Jornada conmemorativa del centenario del nacimiento de Maurice Blanchot

 

Organiza: El grupo de investigación Filosofías de la Alteridad y la revista Versiones de los estudiantes del Instituto de Filosofía.
Fecha: 21 de septiembre de 2007 – Auditorio, bloque 19

Presentación
Yo no soy ni sabio ni ignorante. He conocido alegrías. Decir esto es demasiado poco: vivo, y esta vida me produce el mayor placer. Entonces, ¿la muerte? Cuando muera (tal vez dentro de poco), conoceré un placer inmenso. No hablo del sabor anticipado de la muerte que es insulsa y a menudo desagradable. Sufrir es embrutecedor. Pero tal es la verdad relevante de la que estoy seguro: experimento al vivir un placer sin límites y tendré al morir una satisfacción sin límites.
“La locura del día” (1973)


Hasta hace cuatro años y medio en algunas de las publicaciones francesas de Maurice Blanchot aparecía esta corta nota biográfica: “Maurice Blanchot, novelista y crítico, nació en 1907. Su vida está enteramente consagrada a la literatura y al silencio que le es propio.” Hoy ya se puede añadir la fecha de su muerte: 20 de febrero de 2003. Para esa época, no faltó quien lo creyera ya muerto. Su figura había devenido el espectro de una fascinación, el espectro de una desaparición inmemorial. Y es que en el caso de Blanchot, se trató no sólo de una vida consagrada a la literatura, sino además a la escritura, la discreción, la calma, la paciencia, la debilidad infatigable, experiencias en que se resguardaba la vida como un morir incesante, una muerte que dura, un morir en el que la muerte misma parece no llegar, una fascinación nocturna donde la subjetividad desaparece en una pasión sin voluntad.

La discreción que tuvo a lo largo de toda su vida fue deseada: rechazaba ser fotografiado o entrevistado para sustraerse a toda forma de mediatización y reafirmar así aquel pensamiento de Mallarmé expresado en la frase “el escritor no tiene biografía”. La pretensión de realizar esta jornada conmemorativa no puede ser más que aquel desvío “indiscreto” en el que el habla no se dirige -ni designa- a un yo, sino más bien a lo otro, a lo que reside como recuerdo de aquel que fue, que ya no es, pero que mora aun: fantasma impersonal, anónimo y neutro. Dado que él ha desaparecido ¿Qué podría venir ya? ¿Acaso él tendría que enfrentar el afuera en un perpetuo errar, en un vaivén sin fin, en una dispersión continua, en un exilio infinito?

Aun queda mucho por descifrar de esta obra a la cual no se pretende imponer o legitimar una orientación particular. La ocasión que abre esta jornada conmemorativa busca ser la proliferación susurrante de una palabra infinita e inquietante en la que se cruzan diferentes interrogantes que van al encuentro de la densidad de un pensamiento.

Programación
Auditorio, bloque 19
8:30 a. m. Presentación del evento.
9:00  a. m. Blanchot y El libro que vendrá. Jorge Alberto Naranjo.
Nuestro tiempo ha confundido el análisis literario con la crítica literaria, con el psicoanálisis de personajes. Blanchot, por el contrario, enseñó que el análisis literario no juzga, no critica, sino que comprende, reconstruye, paladea y disfruta la grandeza de las obras. Blanchot descubrió un concepto fundamental: el del espacio literario como un ámbito autosuficiente, con sus propias coordenadas, con las obras como sus fenómenos propios. Desde El libro que vendrá hizo lecturas espléndidas de Proust, Kafka, Joubert, Artaud, Beckett, en fin, de la mayoría de los grandes autores de la modernidad. Leer y meditar los trabajos de Blanchot debería ser tarea ineludible para todo aquel que quiera hacer un análisis literario noble y didáctico, sin mezquindades, sin ánimo destructivo.

10:15 a. m. El Hay y lo Neutro: ¿Imposible alteridad?. Francisco Javier Parra. Lévinas y Blanchot, uno a través del otro en la proximidad, exponen ese espacio sin mundo a través de esos términos, Hay y Neutro, en los cuales el habla poético deviene indicación de lo imposible. Eso desconocido que se niega al poder de la síntesis, ruptura del ser como morada y que afirma tanto la urgencia como la imposibilidad de salir de él, como si se estuviese atado a una noche insómnica. Sin embargo, es necesario plantear, a través de esa cercanía entre los dos filósofos, una separación: si bien en el primero se trata de señalar la imposibilidad de la trascendencia en las inmediaciones del ser, en el segundo lo neutro indica la última región y aquella en la que se deshabita constantemente, implicando más bien, en contraposición con Lévinas y como lo dicen algunos autores, una trascendencia atea.

11:15 a. m. Im-pensar lo cotidiano. María Cecilia Salas.
Maurice Blanchot, pensador de im-pensables como lo neutro y las variaciones de éste, entre las cuales se destaca lo cotidiano, que a su modo de ver, en L'Entretien Infini, es “lo más difícil de descubrir”. En efecto, eso en lo que todos pretendemos habitar es justamente lo que escapa, no se deja aprehender, es vida residual, insignificancia; y como tal, no tiene “ni verdad, ni realidad, ni secreto, pero quizá también es el lugar de toda significación posible.” Puesto que lo cotidiano escapa, impone también un habla y una escucha que no se dirige a nadie en particular, una proliferación de palabras que se engarzan unas con otras en un vaivén interminable, con un ansia infinita de comunicar. El decir poético afirma esa tragedia de la nulidad, ese brillo de lo cotidiano inagotable de donde brota la existencia en su espontaneidad; y de lo cotidiano siempre incumplido e irreductible a las formas y a los particularismos, hará Blanchot otra ocasión para el diálogo con René Char y con Emmanuel Levinas, de ello quisiéramos hablar un poco en este espacio donde conmemoramos la escritura de uno de los más grandes pensadores del siglo xx.

2:00 p. m. Erotismo, espectros y distancias infinitas. Andrés Esteban Builes.
En el movimiento de la escritura que yerra por un recuerdo sin memoria para encontrar lo que regresa, lo espectral aparece en un tiempo dislocado, en el lugar de la errancia de las imágenes, de la banalidad del esfuerzo y de la fuerza para mantenerse ahí, en la inestabilidad de la fascinación incorruptible; las miradas se encuentran en la evasión, en los espacios vacíos, las figuras se atraen en un mismo movimiento que las deja, a una y a otra, apartadas en su vínculo, en un instante jamás perpetuado, jamás incitado. Una y otra se atan a través de lazos rotos, por una reciprocidad siempre pasiva que los sume en el movimiento inmóvil de la atracción, y los vincula, sin vínculo y sin promesa, en una “intriga profunda”. Lazos rotos en la intimidad del contacto, extrañeza abrumadora de una irrealidad cercana e infinita, actualidad ausente donde aparece la imagen en un presente que ella no ocupa, menos verdad que todo y sin embargo apareciendo allí en su regreso. Distancias infinitas que no acaban de surcarse, y cristales que dejan lugar a la atracción de aquél que también desaparece.
3:00 p. m. Lo espectral: una ficción del afuera. Luís Antonio Ramírez.
El espacio literario de Blanchot está poblado por la imagen ávida, errante e irreductible de lo espectral: opacidad del afuera y ansia de errar en él sin lazos, ni deberes, ni fines, como alguien imperceptible, un casi nadie “reducido a la transparencia de un ser que uno no encuentra”. Se trata de una vida que cede, que ha sido empujada y llevada fuera de sí hasta el extraño espacio del afuera donde la ficción y el vacío incitan a errar indefinidamente. Lo que queda del sujeto enfrentado a la ficción del afuera (el vacío de una ficción o la ficción de un vacío), no es la intransitividad de un nihilismo insuperable, sino la intransitividad o la pasividad de una fascinación sin sujeto. Pero, ¿algo habrá de quedar entonces? ¿Acaso un residuo sin restos, algo menos que algo? En todo caso, nada de trascendencia; si algo queda, ese algo corresponde al movimiento mismo de la desaparición, fragmentación incesante del infinito: fisura entre otro y otro, distancia exorbitante en la que ya no se tiene esperanza de encontrar el agotamiento y donde lo que queda (¿el espectro?) se ve impelido a ensanchar infinitamente el límite donde se deambula, donde se está a la deriva sin apegos.

4:15 p. m. La muerte es el poema. La poética de M. Blanchot. Arturo Restrepo.

Tomando como guía lo que afirma Blanchot en su ensayo La gran recusación de su obra El diálogo inconcluso, el texto exhibe el lugar desde donde nos habla la poesía y donde se cumple. Lugar que es necesario ubicar dentro de la economía general de la muerte. Este mismísimo morir que escapa al preguntar del discurso, pero que la poesía (la escritura) intenta reafirmar. Cuando su esperanza que se mueve en la extremidad del deseo es hablar de la muerte de esta vida. La necesidad que tiene de ser su desaparición a fin de decirla.

Entrada libre con previa inscripción
Universidad de Antioquia, Instituto de Filosofía
Calle 67 N.º 53-108. Bloque 12, oficina 434
Teléfono: 210 56 85
Fax: 210 56 81
Correo electrónico: cmunoz@comunicaciones.udea.edu.co
http://institutodefilosofia.udea.edu.co
Medellín, Colombia

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